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La muerte llega, y me siento más vivo que nunca

El sol muere tras las colinas de la vida
Querido diario de la muerte…

Se me caen todas las lagrimas de los ojos escuchando a Vivaldi en mi iPod, perdido en medio de la laurisilva canaria. ¡Qué descanso el hundirme en la tristeza más absoluta, sobre la maleza, rodeado de insectos y todo tipo de seres tan vivos!

Si, yo muero, ¡pero ahora estoy vivo! Tan vivo que el dolor me atraviesa y me consume en un candil de sensibilidad.

La caminata ha sido dura. Mi cuerpo esta muy débil, pero desoyendo los consejos de los médicos y de todos mis seres queridos… (y a la vez odiados), cogí la guagua hasta este sendero. Y ahora, perdido en la inmensidad del verde color vida, puedo sentir el desgarro frío de mi propia perdida. Solo y a la vez en comunión con este cuerpo que se apaga, me siento por fin un ser humano.

Si, ahora descubro, entre sollozos de amor, lo que es existir. Simplemente esto. Acaricio por primera vez mi mano con la corteza de mis arboles. Os siento y me sentís en el dolor cálido de compartir creación y destrucción. Estoy en casa. La paz profunda de ser parte acoge mi tristeza. Estoy en brazos de la gran madre tierra. Desde aquí, puedo entregarme a ti y darte lo que aún tengo. Hasta entonces, elijo sentir y aprender hasta mi último suspiro.

Ahora suena la novena de Beethoven, que despierta esta fuerza sensible y vulnerable que me hermana a ti. Deseo abrazar a todos los que estamos unidos en el dolor. Ha sido una suerte todo lo que me ha pasado estos meses. He rabiado y me he peleado, pero he conocido el dolor en mi y en decenas de pacientes con los que he compartido nuestra mierda. Una fértil mierda la verdad. Me río yo solo de lo que son las cosas. ¡Me siento afortunado por sufrir!

Sigo escribiendo este diario, con idea de expresar lo que descubro, y por expandir mi existencia hacia el futuro. Tal vez dentro de 50 años alguien lea esto y despierte. Yo si que estaba muerto, hasta ese día que me dijeron lo que tenía y que era incurable. Ese día, el bofetón fue tan grande, que reviví. El año y medio más feliz y doloroso de mi vida [me parto de risa por dentro escribiendo esto]

Reblandecer el corazón. Esto es un regalazo. Cuando ya no hay un sitio donde ir, más que a la muerte, toda mi locura puede parar. Y ahora ha parado. No siempre esta aquí este espacio de claridad y amor, pero cada día es más frecuente. Nos encontramos. “Es un placer conocerte

Tu me guías, como un impulso evolutivo… hasta la muerte. Y lo curioso es que tiene sentido. Ahora, en esta apertura que integra todo lo que es, la realidad adquiere significado. Es tan sencillo que me quedo extasiado. Mi mente esta calma, mi corazón amoroso, mi cuerpo vivo. Mi experiencia se une a la experiencia del mundo.

Son tiempos fascinantes con esto de internet, lo echare de menos. Veo como en un sueño como nos vamos uniendo en lo físico y en lo emotivo. El saber se hace experiencia compartida, y la poesía florece de alma a alma.

¡Y es que todo es maravilloso! Incluso mi muerte y esta crisis que lo llena todo. Me río de la crisis y de mi desaparición. Pues algo nuevo nace, más allá de mi mismo y de lo que vemos en los noticiarios. A mi me ha tocado vivir estos 31 años, y estoy orgulloso de ser parte de algo grandioso. Ahora comprendo a mi primo el viajero, ¡Yo también soy ciudadano del mundo! ¡Y del Multiverso Infinito!

Si, he decidido aprovechar mis últimas ¿semanas?. En esto, en simplemente vivir así, contemplando y amando todo lo que soy, y al mundo que se me revela en mis amigos y en la Red. Hablo con frecuencia con todo lo que me llega, sin miedo y sin tapujos. Ya no hay nada que esconder o proteger. A tumba abierta, con mi dolor, con mi pasión, con mi empuje decidido…

Confío en el mundo. Confío en toda persona con la que me encuentro. Se que mis médicos hacen lo mejor que pueden por mi. Mi padre se resiste, tiene mucho miedo… y es hermoso. Por fin lo puedo conocer en la esencia de su dolor de infancia.

Hace un mes, mis padres se enfadaron cuando los dije que me apuntaba a un taller de crecimiento personal. No entendían nada ¿Para que quería algo así si me estaba muriendo?.

Pero lo cierto es que me ha permitido ver la vida con una perspectiva increíble. Manuel, mi terapeuta, me ha acogido con brazos abiertos. Y entendiendo mi anhelo y mi limitación de tiempo, me ha mostrado los caminos del corazón, de la voluntad y de la integración evolutiva de todo. Y yo lo he mostrado abiertamente mi miedo, mi dolor y todo lo que aparece. Él se conmueve, pues ve que en mi estado de apertura por la cercanía de la muerte, voy aprendiendo experiencialmente este proceso natural de despertar del potencial humano.

Claro que tengo miedo. Y es gracias a él como llego al dolor, y de allí a la compasión. He podido madurar en sabiduría en apenas unos meses. Lo que a otros os lleva décadas, yo lo estoy viviendo aceleradamente. Así es. Y me siento como un anciano, pleno de experiencias y conocimientos, compartiéndolo con otros, hasta dejaros el testigo a vosotros para que continueís el viaje.

Yo viviré en vosotros. Creo en vuestro impulso de amor y de unidad. Creo que lo estáis haciendo muy bien, y que poco a poco iréis descubriendo juntos el propósito de la existencia, y participando activamente en su despliegue, como seres libres y pasionales que sois. Gracias por ser El Camino.

[Ricardo, 1 de septiembre del 2013. Mensaje encontrado en una botella]

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2 comentarios en “La muerte llega, y me siento más vivo que nunca”

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