Mística de una vida sencilla. Unir el cielo y la tierra… que nunca están separados

Puesta de sol en el Cerrato

Unir el cielo y la tierra
que nunca están separados,
desde el instante mismo
que abrimos los ojos asombrados.

Desde el pueblo vivimos una mística de lo cotidiano. Una mística familiar, de salud y de cuidados que nos integra entre el cielo y la tierra.

Despertamos con la luz del amanecer. Dejando que los rayos más rojizos del sol penetran en nuestros ojos y piel. Poniendo en hora nuestro cuerpo terrenal con la luz del cielo. Y así arrancamos el día desde la mística circadiana.

Un nuevo día que comienza
en este rincón diminuto,
despiertan las sensaciones del cuerpo
en contacto con el sol y la luz del misterio.

Acogemos la vida con ojos nuevos

La vida nace otro día,
la vemos con ojos nuevos,
y entre la tierra y el cielo
los pájaros cantan en el almendro.

Acogemos a nuestro querido nieto a desayunar. Lo mimamos y atendemos dentro de este hermoso proceso místico del hogar y la familia. Arranca la cocina, quizás la lavadora y todas las tareas domésticas. Alimentamos y acariciamos al gato. Cuidamos el jardín. Hacemos pequeñas obras y arreglos. Y así habitamos el lugar y nos sostenemos juntos con nuestras manos enfocadas hacia el cielo.

Cuidamos nuestros cuerpos y almas. Damos juntos un paseo rural conectando con los elementos de la naturaleza. Intersiendo Vida. Desperezando la energía del cuerpo. Contemplando la belleza presente en todo ser. Descalzamos nuestros pies para nutrirse del magnetismo de la Tierra. Y si está disponible tomamos el sol, permitiendo que penetre su información sutil dentro de nuestro cuerpo terrenal.

La hierba húmeda de rocio,
se vuelve blanda y nos permite pisarla,
sintiendo la unión profunda
que nos nutre desde el suelo,
hasta el cielo,
en un ciclo infinito
que el amor mueve con sus hilos.

Albergamos a almas en transformación

Amamos nuestra vocación mística de acoger y cuidar a almas en transición. Dentro del templo meditativo que es Casa Cueva La Luz. También como santuario de salud integrativa. Lugar sagrado. Co-creado con nuestras manos desde nuestro templo interior. Dentro de la tierra que se eleva hacia la luz. Espacio de peregrinaje profundo, tanto en retiro personal, como en disfrute familiar.

El contacto con la naturaleza,
el ciclo de la vida,
la contemplación de la belleza.
La paz profunda que surge
de la unión con la tierra,
del corazón abierto y dispuesto
a vivir en la entrega.
Del silencio que reina
en las entrañas de la Casa Cueva,
uniendo el cielo y la tierra.

Alimentamos la inspiración, el cuerpo y lo local

Nos alimentamos de lo que da la tierra cercana, agradeciendo a los seres que dan su vida para mantener la nuestra. En una mística de la nutrición natural e interconectada. Cuidando sus elaboraciones. Bebiendo agua de manantial de la iglesia visigoda de San Juan de Baños. Y haciendo compost con los residuos orgánicos generados para que el cielo y la tierra sigan uniéndose en una ecología circular en el Cerrato.

Cultivamos la inspiración creativa constante. En comunión con amigos y maestros de la vida. Convirtiéndonos en musas y catalizadores de transformaciones. Permitiendo que el cielo siembre posibilidades para que en la tierra germinen realidades. Y a su vez, para que las realidades hermosas atraigan las lluvias fecundas de las posibilidades, desde una mística social.

En el anochecer nos alimentamos de la luz que va muriendo. Y la mística del ocaso nos revela nuestro papel efímero en la tierra. Como un velo en movimiento transitorio que da visibilidad al amplio espacio transcendente.

Descansamos, amamos y nos regeneramos

La noche nos abre las puertas a la mística de la pareja. Con masaje de pies o película juntos. También un rato de yoga y meditación. Momentos sagrados y cotidianos que se entrelazan en un respirar unificador.

La mística del sueño nos sumerge en otros misterios. La oscuridad regenera nuestros cuerpos y asimila las experiencias. La gravedad de la tierra nos hunde para que la suspensión del cielo nos eleve. Muerte terrenal que posibilita el cielo de la Vida.

Unir el cielo y la tierra
que nunca están separados.

Y así, en lo cotidiano, cuanto más embarrados en la tierra natural, más nos sentimos volando en el cielo de la dicha y el canto. Intersiendo místicamente y terrenalmente con las formas materiales, las energías electromagnéticas y la información sutil y morfogenetica, desde la conciencia.

Gracias, gracias, gracias. Por permitirnos vivir juntos la mística de la gratitud y del regalo que lo acoge Todo.


Este texto fue inspirado y escrito por Mariluz y Nacho tras nuestra asistencia al hermoso II Encuentro Psicología y Espiritualidad: Unir el Cielo con la Tierra, que organizan Rafa Millán y Mardía Herrero. Gracias por tanto.

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