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La luz del sol nos nutre, regenera y sincroniza con los diversos ciclos de la naturaleza

Cada día soy más conscientes de la interdependencia que vivimos con la naturaleza. Y más concretamente con la luz del sol y sus ciclos de día y de noche. Gracias a los diversos rayos solares, y también a la oscuridad tras la puesta de sol, nuestro cuerpo puede sincronizarse con la realidad de la Vida.

Los ritmos naturales y corporales bajo la luz del sol

Me siento fascinado descubriendo como según el momento del día (y de la noche) nuestras células realizan unas u otras acciones. Sintetizando diversas sustancias, regenerando tejidos o generando la energía que necesitamos. Entre muchas otras labores interminables.

El día nos activa y nos pone en funcionamiento. Mientras que la noche nos ayuda a descansar y regenerarnos. Y así, el sol actúa de director de orquesta, facilitando que los ciclos de la naturaleza puedan manifestarse dentro de cada ser vivo, y dentro de nuestros cuerpos humanos.

La presencia del sol es fundamental. Y es muy hermoso entregarnos a sus brazos cálidos. Vivir presentes a su influencia en nosotros y en la naturaleza.

Nutrirnos del sol a todas horas

El amanecer, con sus luces más rojizas, es buen momento para desperezarnos y sincronizarnos con el sol. Dejar que nuestros órganos reciban el mensaje de que comienza el día. Y permitir que la sabiduría del cuerpo movilice la energía y sustancias que necesitamos para afrontar la jornada.

Durante la mañana, y a medida que el sol va elevándose en el cielo con luces más brillantes, el cuerpo activa fenómenos alucinantes como es la fotosíntesis humana.

Por la tarde, y a medida que el sol va recogiéndose, las diversas células, tejidos y órganos van finalizando sus labores metabólicas, y se van preparando para el ciclo de oscuridad que se acerca.

Y así, al entrar la noche, y en ausencia de luz solar, los cuerpos pueden entrar en un periodo de reposo, sueño y reparación profunda.

Presencia y emociones despertadas al sol

Dejarse acunar por los diversos ciclos solares es profundamente sanador. Ya sean los ciclos del día y la noche, o los ciclos de las estaciones.

Vivir desde el momento presente que se nos regala. Bajo la inspiradora luz del sol. Aunque el día esté nublado. Entregados a cualquier sentir que venga.

El cuerpo recibe toda luz del sol que llega a la piel o los ojos. De igual manera, nuestro sentir natural se abre y da la bienvenida al momento solar que estamos viviendo.

Siendo naturaleza teniendo una experiencia humana, dentro del ciclo solar y cósmico que emerge. En profunda interrelación con todos los seres y toda la realidad que habitan y comparten este mismo planeta.

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