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¿Todavía te crees a pies juntillas todo lo que te dicen tus propios pensamientos?

Pensando que los pensamientos no son verdadHubo un tiempo en que nos creíamos todo lo que escuchábamos en la televisión. «¡Lo ha dicho la tele!» exclamábamos al compartir una noticia con los amigos. Y aunque no creo que este tiempo de credulidad televisiva haya pasado del todo, al menos si parece que se ha relajado un poquito y nos atrevemos más a cuestionar su información. Pero por desgracia, y en pleno siglo XXI, no acabamos de soltar nuestra fijación y creencia “a pies juntillas” de todo lo que dicen nuestros propios pensamientos.

Y es que realmente la mente pensante es mucho más caótica y poco fiable que la propia televisión. Si la observas un poquito descubres como constantemente te satura de voces radiofónicas, opiniones dispares a modo de tertulianos, imágenes sugerentes que activan tus deseos, recuerdos que traen de vuelta pánicos antiguos, todo tipo de juicios infundados, ideales políticos y hasta esta pesada canción tan hortera que no te puedes quitar de la cabeza.

No hay duda que la mente cumple su función, y lo hace muy bien en su justa medida. Pero no todo lo que nos dice es verdad. Tampoco quiero afirmar a pies juntillas que la mente pensante nos mienta, prefiero señalar que los pensamientos cumplen otra función diferente a la que la damos.

¿Para que sirven tus propios pensamientos?

Tu mente pensante es sumamente creativa. Aunque esta creatividad a veces nos juega malas pasadas si no sabemos vivirla metafóricamente.

Los pensamientos movilizan energía psíquica, emocional y también cultural. Son como el viento que expande las semillas, que aviva las brasas de un fuego o que nos acerca las nubes y la lluvia. Y este viento mental nos aporta un constante bombardeo de recursos y posibilidades que podemos utilizar (o no) con sabiduría.

Por tanto, en otra nueva metáfora, tus pensamientos pueden servir de abono para tu vida. Es decir, tus ideas son en realidad basuras, desechos, cacas mentales. Residuos antiguos de tu vida en forma de recuerdos, deseos, idealizaciones, soluciones caducas, etc. que puedes aprender a reconvertir en algo útil y vivo. Pero para ello primero necesitas soltar esta creencia de que todo lo que te trae tu mente pensante son diamantes brillantes y verdaderos.

Tu mente es un simple río que pasa, lleno de agua más o menos turbia. Vale la pena contemplarlo con calma. Siendo consciente de como fluye con remolinos, cambiando constantemente, contaminándose de residuos, y a la vez aportando vida en sus márgenes.

Solo así, desde una capacidad silenciosa y acogedora, es posible que emerja en ti una sabiduría más allá de tus pensamientos. Un saber profundo que usa este río mental para abonar y enriquecer la existencia.

Soltar ideales y la credulidad sobre los contenidos de la mente pensante

Ante cualquier problema que se nos presenta, es muy común que nos surjan todo tipo de pensamientos influidos por el miedo y el deseo de solucionar la situación. Es muy normal.

La mente enseguida nos trae ideas antiguas por si nos pueden ayudar. Pero la experiencia nos va señalando que esto son solo posibilidades que la mente nos presenta. Ya que con frecuencia, además, estás respuestas mentales suelen contradecirse unas con otras. Y aunque nos puedan ayudar a tomar decisiones, lo normal es que nos bloqueen cada vez más.

¿Por qué nos bloqueamos tanto mentalmente ante un conflicto?

Posiblemente esto tenga mucho que ver con la veracidad que en el fondo damos a los contenidos dispares que nos presenta. Nos creemos “a pies juntillas” nuestra propia televisión mental. Y nos enredamos aquí.

¡E incluso nos llegamos a identificar con nuestra propia mente, con sus propios locutores! ¡Y creemos que somos esta voz en la cabeza! ¿Curioso verdad?

Es todo un arte aprender a tomar distancia. A experimentarnos desde donde somos, desde este espacio de presencia sin contenido. Siendo simplemente espejo que atestigua.

Deja que sencillamente estos ideales televisivos fluyan como un río en ti. Sin negar su existencia, sin engancharte a ellos como verdades y permitiendo que igual que han venido se vayan.

Suelta y descansa. Suelta y permite que tu cuerpo y tu vida creen a través de ti. Transformando los desechos de tu mente pensante en abono para tu realidad humana.

Muchas gracias.

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