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Enfermedad, desconexión y amor

Enfermedad entre almohadas

Llevo unos días con un fuerte catarro con tos y mocos, y esto me está ayudando a desconectar de cosas externas y sentirme a mí mismo más de cerca. Creo que es una interesante forma de empezar el año, valorando lo bueno que es estar vivo. Ya que una enfermedad ligera y temporal, de esas que sabemos que en unos días pasarán, nos hace valorar aun más la maravilla de ser seres humanos y habitar un estupendo cuerpo como el nuestro.

Ocurren muchas cosas internas durante una enfermedad de este tipo. Hay momentos de enfado y de querer salir cuanto antes de esta situación. También hay ratos de evasión y entretenimiento mental para no sentir las molestias. Otros lapsos de tiempo que dedico a sentir el fluir de la congestión en el cuerpo. Ratos de ataque de tos en las que me resisto a ello, y otros en los que me abandono a su locura. La verdad es que la enfermedad es toda una escuela de aprendizaje y autoconocimiento. Todo estado de vida nos enseña algo. Os comento mi experiencia, ya que sé que muchas de estas cosas nos ocurren a todos y al resonar en vuestras propias experiencias, podemos aprender juntos.

Enfermedad como desconexión

Aunque fuera un poco a la fuerza, en su fase más intensa, el catarro me llevó a una serie de desconexiones. Por un lado me quedé sin apetito y el cuerpo me pidió no toma nada más que líquidos durante casi dos días. También me sentí incapaz de leer nada, de usar cualquier equipo digital, e incluso de ver una película. Mi mente también se desconectó ante la falta de energía, y el sueño pidió paso durante más horas. Desaparecieron de mi mente todo proyecto o cosas que hacer. La neurosis o disociación cuerpo-mente se relajo, e incluso muchas tensiones musculares y posturales se soltaron de golpe. Sólo quedó un cuerpo sensible, unas emociones afrontando la situación como podían, una mente centrada en los pocos cuidados que necesitaba, y poco más.

Esta ligera enfermedad también ha traído consigo una desconexión de personas, ya que quitando los más íntimos, no tenía ganas de ver a nadie. Después de unas Navidades llenas de sucesos y celebraciones sociales, la verdad es que fue un soltar carga y descansar. Me resulta curioso observar y respetar lo solitario que me vuelvo en estos momentos, y también sentir a ratos el anhelo de conectar con otros solo desde la suavidad y lo sencillo.

Enfermedad y tristeza

En este estado de desconexión, hubo una noche en que quise escuchar temas de Los Miserables. Era lo único que me pedía mi cuerpo emocional, ya que es una música que me llega muy dentro. Luego me puse este vídeo de la película con Anne Hathaway cantando I dreamed a dream:

Algo tiene este tema, que me emociona y me llena de una tristeza sanadora. Era como si necesitara conectar con mi tristeza y la tristeza de otras personas. Conectar con el duelo y el dolor, también por la muerte reciente de un familiar. Y mis mocos eran, durante el catarro, como lágrimas que no solté en su momento. El caso es que me reconfortó dejarme arrastrar por este sentir. Como si la voz de la tristeza llamara a la puerta, sabiendo que hoy no me podría defender, y confiando en que la dejaría entrar en mí.

Enfermedad y amor

Ya hablado más veces de como el sentirnos vulnerables nos conecta con el amor hacia uno mismo y hacia los demás. Es una experiencia muy clara. Del dolor surge la sensibilidad para empatizar y amar. El amor se nutre tanto de más amor, como de la sensibilidad ante el dolor genuino.

Por todo esto, creo que la enfermedad es también una invitación para acoger el dolor propio y abrirnos al amor hacia los demás y hacia todo. No siempre respondemos esta llamada, pero la vida se encarga de volver a llamar las veces que haga falta.

Poco a poco recupero las fuerzas y las ganas de escribir y compartir con vosotros. Y mi corazón quiere seguir abriéndose, en este viaje largo y en espiral, donde pongo barreras, las quito, las vuelvo a poner, y en todo este proceso de quita y pon, sigo aprendiendo… y desaprendiendo.

Hay una cosa importantísima que voy intuyendo. En realidad yo mismo (como personalidad) poco puedo controlar de mi vida, mis enfermedades y mis circunstancias. Es como si mi propio cuerpo, y también esto que nos transciende, jugara amorosamente conmigo. Abandonarme a ello me ayuda. Y una vez suelto y libre, mi persona pudiera participar en el juego en marcha. Y aquí me viene la cita de Agustín de Hipona: “Ama y haz lo que quieras“.

¿Qué aprendes tu durante tus enfermedades? ¿Te ayudan también a desconectar y acoger lo que más necesitas?

Crédito de la imagen: Jiuck en Flickr, con licencia CC-BY-NC-SA.

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