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Mis heridas vienen para ser amadas y no necesariamente para ser sanadas

Dar amor a mis heridasLa piel de mis manos se tiñe de sequedad y sus llagas me molestan. Me enfado y me revelo contra mis heridas. Lucho y vuelvo a luchar. Me aplico nervioso todo tipo de cremas y potingues esperando que vuelvan a la normalidad. Pero mis manos siguen enrojecidas y dolidas…

Mis miedos se tiñen de ansiedad y mis problemas me molestan. Me cabreo y me revelo contra mi realidad. Lucho y relucho. Pienso y doy vueltas a posibles soluciones deseando que todo vuelva a la normalidad. Pero mi tensión permanece rígida y punzante…

¿Qué hacer cuando mis heridas no sanan?

Respiro hondo. Busco un lugar donde relajarme tranquilamente. Me toca disfrutar del bello viaje hacia adentro, aunque por momentos me resista a ello. Decido por un rato dejar de lado toda búsqueda externa y todo deseo de consuelo ajeno. Respiro.

Observo con distancia mis heridas y problemas. Si, aquí están. Son parte de mi en este momento. Los dejo estar aquí mismo, aunque sin entrar en ellos desde mis vueltas mentales. Bajo suave a mi cuerpo… a mi pecho y mi vientre. Y dejo que mis sensaciones me susurren mi sentir profundo sobre mis manos. Miro mis manos y heridas, mientras siento mi cuerpo y el sentir que habita en él. Permito que venga lo que siento alrededor de mis dedos dolidos.

Y de golpe mi pecho me susurra todo el amor y cariño cuidador que albergo dentro. Mis ojos se deshacen en lagrimas mientras mis labios besan mis manos. Sin palabras y sin mente, siento que mis heridas vienen a ser amadas. Y descubro como mis dedos rojos son un regalo que rompe mi dureza y me permite cuidarme.

Agradecido me sumerjo en mi autentica realidad como amante de este ser y de esta vida. Sigo besando mis manos y abrazando mis problemas. Y descanso en la no necesidad de resolver o sanar nada. Simplemente…

Soy amor acogedor para mis conflictos cotidianos
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4 comentarios en “Mis heridas vienen para ser amadas y no necesariamente para ser sanadas”

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