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Arrastrados por la corriente del río

Salto de agua en el río

Actualización: Este relato esta basado en una historia real, y mi joven acompañante en la barca ha escrito su propia versión de la historia que inserto más abajo.

«Todo fue muy rápido. La corriente del río arrastro la canoa, ante mi impotencia como inexperto remero y la mirada perpleja de la niña. Íbamos irremediablemente hacia ese salto de agua rodeado de piedras. Ella abandono la seguridad de la barca intentando llegar a la orilla y yo la imite segundos después. El agua me succionó y durante un rato interminable dude de que me fuera a sacar de nuevo. Cuando por fin mi cabeza salió del agua, me encontré atrapado en medio de la corriente, con mi tobillo izquierdo encajado entre piedras. Me agarre a una rama seca que colgaba cerca y aguante entre el empuje del agua y la resistencia de mi pie trabado.

Durante un par de largos minutos permanecí en esta situación de bloqueo, buscando con la mirada posibles salvadores, y contemplando la dificultad de mi situación. Incluso me acorde de la película 127 horas, cuando el protagonista queda con su brazo atrapado entre rocas. Mi instinto de supervivencia movía mi pie buscando formas de soltarme, hasta que conseguí apalancar las rocas y liberarlo. Acto seguido, el río me arrastro de nuevo, mientras yo intentaba sin éxito agarrarme a alguna rama que colgaba cerca de la orilla. Al poco la fuerza del agua se hizo menor y pude nadar hacia la zona más tranquila.

Ya a salvo, escuche los gritos de la niña y el consejo de su hermana mayor de que se soltara y se dejara llevar. Al poco la vi llegar flotando con un golpecito en la rodilla. También apareció mi novia preocupada y comprobamos que solo tenía el tobillo ligeramente magullado y el brazo con algún raspón. Pero el caso es que estábamos vivos y enteros. La existencia nos había zarandeado, tras no hacer suficiente caso a las advertencias sobre lo traicionero que son los ríos, y también por haber abandonado el barco antes de tiempo. Y aquí estamos, intentando asimilar lo volátil y vulnerables que somos, y viendo como discurrimos en el río de la vida con algo más de respeto hacia el privilegio de estar aquí.

Tras esta experiencia me viene continuamente la fuerza del agua que me arrastra… y a la vez la determinación de la vida que me lleva con todo su vigor, sin que yo pueda hacer casi nada por controlarla. Me da pánico dejarme llevar por la sorpresa, sin saber que pasara y protegerme de los peligros. Por un lado quisiera fluir libremente durante toda mi vida, pero me doy cuenta de que esta es una ilusión, ya que la resistencia humana siempre esta aquí. A lo más que aspiro es a intuirme como fuente que mana libre y vivir mis muchas resistencias y escapes desde esta apertura»

Incluyo ahora el relato de esta historia según lo vivió Lucia, una joven escritora muy prometedora de 13 años:

«Mi padre no quería montarse conmigo en la barca así que se montó el novio de la madre de mis hermanos.

Al principio todo fue bien, pero no nos dimos cuenta que la corriente se hacia cada vez más fuerte y nos llevaba hacia una pequeña cascada. Él empezó a remar con fuerza pero no sirvió de nada.

Asustada veía como poco a poco nos acercábamos. Recordé las películas donde el protagonista se tira de la barca en estos casos y pensé que eso era lo mejor. Así que salí de la barca rápidamente quedándome de pie, el agua me llegaba por las rodillas.

Él poco después hizo lo mismo pero se hundió en el agua, pero pronto salió a la superficie.

Intenté ir hacia la orilla pero a cada paso que daba la corriente me arrastraba hacia las cascada. Empecé a gritar pidiendo ayuda pero los demás estaban intentando ayudarle a intentar salir de las rocas que se había atascado o eso es lo que parecía.

Aún así seguí pidiendo ayuda, al poco rato no pude mas y caí dejando que la corriente me arrastre. Choque con unas piedras raspándome la rodilla y el tobillo, pude agarrarme a una rama que había cerca.

Él ya no estaba, ya había conseguido salir pero no sabía como. Grité con más fuerza y empecé a tragar agua. Por fin mi hermana acudió en mi ayuda. Empezó a decirme que me soltara pero yo no me atrevía. Ella insistió hasta que por fin me solté.

El agua me tragó pero pronto pude sacar la cabeza y respirar. La corriente ya no era tan fuerte pero aún tenia fuerza.

Mi hermana se tiró al agua para sacarme del agua. Ya en la tierra mi padre vino a ver como estaba, también me riñó por haber saltado de la barca»

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